No sé si es costumbre o puro placer, pero desde que era pequeña cuando llegaba a las tierras sevillanas, bajaba la ventanilla del coche y sacaba la mano para sentir el aire, el frío en invierno y el calor en verano. Luego, subía y bajaba la mano como si se tratara de hacer olas en el aire, y cruzaba el río. Años después, sacar la mano por la ventanilla del coche provoca en mi el mismo placer que cuando era niña.
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